Ella se va de casa

Tengo que creer que hay una manera… Tiene que existir una manera de parar el carrusel para empezar de nuevo, para empezar de cero. Debe haber alguna manera de dejar todos mis fantasmas atrás. Es una elección. Es una elección que estoy haciendo para seguir adelante, para dejar esto atrás. Puedo hacerlo, ¡puedo hacerlo!

Todo lo que tengo que hacer es empezar.

 

Ella se va de casa

Respira.

A veces, las cosas simplemente están fuera de tu control. No puedes cambiarlas. No puedes forzarlas a tu voluntad. No importa si ya llegas 45 minutos tarde, si tu pelo no está peinado y no has entregado el proyecto, estás perdiendo neuronas cada segundo que pasas aquí sentado, muriendo, muriendo por dentro.

No dejes de respirar. Dejas de pensar cuando dejas de respirar. Respira.

Respira.

El fin. The End.

El gran día ha llegado: El día en que te darán la noticia, el resultado de la prueba. La biopsia es maligna o benigna. Viviré o moriré. Solo quieres saberlo… aunque temas saberlo. Así podrás seguir con tu vida, para bien o para mal.

Dicen que la ignorancia es felicidad. Porque en cuanto sabes que tienes un tumor o conoces el pronóstico, no puedes volver atrás. ¿Serás fuerte o te derrumbarás? Es difícil de saber. Así que no te preocupes por eso, disfruta de la vida antes de que te den la noticia. La ignorancia es felicidad.

El fin. The End.

Se va, se va, se fue

Morir lo cambia todo. Hay consecuencias emocionales, claro. Pero también están los asuntos prácticos: ¿Quién va a hacer tu trabajo? ¿Quién va a proteger a tu familia? Lo único positivo para ti es que no te tienes que preocupar de nada. Gente que no conoces vivirá en tu casa,  harán tu trabajo. El mundo sigue… sin ti.

Es difícil decir adiós realmente. A veces es imposible. Nunca dejas de sentir la pérdida. Es lo que hace las cosas tan agridulces. Dejamos pequeños trozos de nosotros mismos, pequeños recuerdos, recuerdos de toda nuestra vida, fotos, baratijas… cosas por las que nos recuerdan, incluso cuando nos hemos ido.

Se va, se va, se fue

Quebrantarme

Sangrado incontrolable, acidosis, frío, todos sabemos lo que significa esa combinación. La llamamos la triada de la muerte. El punto de no retorno. Es el momento en el quirófano en el que pasas al modo de control de daños: Paras, das un paso atrás, dejas el cuerpo descansar y miras si puedes encontrar una solución al caos que hay en el interior. 

Cuando el caos disminuye tenemos que volver atrás. Echar otro vistazo. Tenemos que preguntarnos ¿puede este cuerpo ser recompuesto? Si hemos hecho bien nuestro trabajo, se puede. Paramos la hemorragia, suturamos los daños, rehacemos el cuerpo completo. Pero no importa cuánto lo intentemos, tenemos que darnos cuenta de que algunas cosas simplemente no pueden arreglarse.

Quebrantarme

sábado 5 de abril del 2014

El cuerpo humano está diseñado para compensar las pérdidas. Lo hace, por lo que no necesita las cosas que no puede tener. Pero a veces la pérdida es tan grande que el cuerpo no puede compensarse por sí mismo.

Las víctimas de un impacto repentino son los más difíciles de tratar. No es solo la colisión lo que les hace daño, es todo lo de después: La fuerza centrífuga que les mantiene en movimiento arrojándolos de los vehículos. Lanzándolos a través del parabrisas, golpeando sus órganos internos hasta el esqueleto. Sus cuerpos son heridos una y otra vez. No hay forma de saber cuánto daño se han hecho realmente. Hasta que paran.

No puedes prepararte para un impacto repentino. Uno no puede prepararse. Simplemente te golpea de la nada.  Y de repente… la vida que conocías… se termina. Para siempre.

sábado 5 de abril del 2014